Sunday, July 01, 2007

AVENTURAS Y VENTURAS DE UN GUATEQUE

Por: Juan Morales Agüero

Para hablar de la historia de la Jornada Cucalambeana es preciso recostarse en un taburete junto a un bambú de El Cornito a desafiar con los poetas las escurridizas rimas de los pies forzados. O mucho mejor: llegar desde el amanecer al que fuera paraíso e inspiración de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo y regalarse luego allí una canturía de tonadas y de laúdes. Si no se cumple con estos requisitos sine qua non, ¿qué sentido tendría la referencia a una fiesta de talla mayor eminentemente campesina y genuinamente tunera?

Se suele asegurar que desde la década de los años 30 del siglo pasado, los miembros de varias sociedades fraternales y de recreo de la Victoria de las Tunas de la época gustaban congregarse cada primero de julio en torno a las ruinas de una casa de El Cornito. Allí celebraban, en compañía de algunas familias de la comarca, el cumpleaños de El Cucalambé, aquel decimista misteriosamente desaparecido en Santiago de Cuba en 1862, luego de rubricar para la cultura nacional una obra lírica de extraordinaria trascendencia.

De alguna manera, estos festejos primigenios resultaron la antesala de lo que se convertiría con el paso del tiempo en el más popular guateque de todos los celebrados en el territorio cubano: la Jornada Cucalambeana, evento que cada año le ofrenda tributo a nuestro Juan Cristóbal Nápoles Fajardo. Como ha dicho certeramente una investigadora local, “lo que comenzó siendo una reunión de admiradores de El Cantor de Rufina, ha devenido auténtica celebración de pueblo, en legítimo e insuperable encuentro con la tradición folclórica”.

Los pioneros en evaluar a fondo la posibilidad de organizar periódicamente un convite campesino de carácter nacional en torno a la figura de El Cucalambé fueron Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí), Ramón Veloz, Manuel Fernández y Pepe Ramírez. Eso ocurrió en el año 1964. Un par de almanaques más tarde, el primero de julio de 1966, Naborí y Pepe tuvieron el honor de inaugurar oficialmente en la tunera Plaza Calé la primera Jornada Cucalambeana.

ALGUNOS MOMENTOS CUMBRES

Elaine González Urgellés, una tunera apasionada con el asunto, ha investigado en torno a las singularidades de estas fiestas bucólicas que cada año hacen viajar hasta nuestra provincia a personalidades importantes de la música, la danza y la décima campesinas. Ella elaboró una suerte de antología de hechos cucalambeanos relevantes que quiero compartir con el lector junto con otros extraídos de diversos sitios especializados que navegan en Internet:

1968: Se crea el Concurso Nacional Cucalambé. Su primer jurado lo integraron Ángel Augier, José A. Portuondo y Raúl Ferrer. El ganador fue Adolfo Martí.

1969: La necesidad de contar con una vía de acceso propicia la construcción de El Sendero, que comunica directamente a El Cornito con la ciudad.

1970: El Cornito se convierte en centro de la Jornada Cucalambeana. Este año se celebra en sus predios el Primer Festival de Música Campesina.

1971: Las actividades se extienden a varios puntos de la ciudad, como el Parque 26 de Julio, el parque Vicente García y la calle Colón, entre otros.

1974: En el contexto del evento sesiona el Primer Encuentro de Poetas Populares Hispanoamericanos auspiciado por la ANAP y Casa de las Américas
1976: Se funda la Brigada Artística Cucalambé. Se efectúan competencias de bailes tradicionales, instrumentistas e improvisadores.

1977: Se estrena la obra teatral Ya comienza a madurar la guayaba, inspirada en la vida de El Cucalambé, escrita y dirigida por el dramaturgo Paco Alfonso.

1979: Primer Simposio Literario presidido por El Indio Naborí. Un año después, cataloga la jornada como “guateque supremo del campesinado cubano”

1984: Se instituye el Laúd Cucalambeano. Se le entrega a Justo Vega, Raúl Ferrer, Adolfo Alfonso, Jesús Orta Ruiz y María Teresa Linares, entre otros.

1986: Las fiestas se extienden a otras regiones del país y a los ochos municipios de la provincia con la realización de cucalambeanas de base.

1990: El único año en que se deja de celebrar la jornada, pues coincide con el Torneo Internacional de béisbol José A. Huelga desarrollado en la provincia.

1993: Se realiza el hermanamiento de la Jornada Cucalambeana y el Festival Internacional de la Música y Danza populares de la Alpujarra, España.

1995: Se celebra el III Festival Iberoamericano de la Décima. Se acuerda alternar su celebración: un año en Las Tunas y otro en un país de Iberoamérica.

1996: México es anfitrión del Festival Iberoamericano de la Décima. La Cucalambeana se dedicó al bicentenario de la fundación de Las Tunas.

1997: El V Festival Iberoamericano de la Décima tiene participantes de México, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Chile, Argentina, España y Cuba.

1999: Se confiere por primera vez el Laúd Cucalambeano a una personalidad extranjera: el poeta de México Don Guillermo Cházaro Lagos.

2001: Imágenes tomadas por el fotógrafo español Pepe Rubio se convirtieron en obras expuestas en la sede de la UNEAC y el Museo Provincial.

2002: Se otorga el Premio Iberoamericano de la Décima a María de las Nieves Morales Cardoso por su libro Otra vez la nave de los locos.

2003: Los festejos se dedican al hermano pueblo de Puerto Rico, de cuya delegación formó parte el destacado cantante boricua Danny Rivera

2004: Un mensaje de los Cinco Héroes llega a la XXXVII Jornada Nacional Cucalambeana en tres décimas escritas por Antonio Guerrero.

MATICES Y RESULTADOS

Nadie imagine que el único saldo de las jornada cucalambeanas es repentismo campesino, danzas tradicionales y eventos teóricos. ¡Qué va! El festejo hace también las veces de contexto experimental, donde muestran credenciales muchas personas con sensibilidad para el arte en su más amplia interpretación. Los artesanos, por ejemplo, hacen maravillas a partir de diversos materiales: adornos, juguetes, souvenires, miniaturas, naturalezas… La Feria Nacional de Arte Popular les franquea periódicamente sus puertas, y los talleres de creación tienen en la niñez y en la adolescencia a uno de sus principales hallazgos. Mayda Elena Anias Martínez, investigadora de la Casa Iberoamericana de la Décima, ha llegado a la conclusión de que la jornada cucalambeana, cualquiera que sea su nivel, conforma un espacio excelente para demostrar cuánto pueden conseguir las manifestaciones artísticas en materia de cultura popular.

“Los campesinos exponen allí lo más selecto de su producción agropecuaria: viandas, frutas, vegetales, animales… -asegura-. También aperos que facilitan su labor, como yugos, arados, espuelas, bastos, monturas… La exposición de artesanía y la de platos y bebidas típicas expresan lo más representativo de cada asentamiento. Se diseñan espacios para juegos tradicionales de niños y adultos, entre los que figuran corridas de cintas, carreras de caballos, montas de toro, palo encebado… Las jornadas realzan y convocan al rescate de bailes cubanos, como el zapateo, el son, la caringa, el gavilán, el papalote, el chivo, el papelón, el nengón… La fiesta se organiza en dos bandos: el rojo y el azul. Cada uno tiene un grupo de jóvenes que lo representa y defiende”.

La jornada cucalambeana es precisamente eso: un gran suceso cultural que por espacio de 40 calendarios ha sido reflejo de las inquietudes artísticas de nuestro campesinado y de su manera de conducirse ante la vida. Ningún otro evento de estas características en el país consiguió jamás nuclear en torno suyo tantas iniciativas inteligentes y tantos promotores incondicionales. Hoy, decir cucalambeana es referirse a lo mejor de nuestras tradiciones de sombrero y guayabera. Es hacer alusión a lo más sublime de nuestros campos.

Nadie como el fallecido Jesús Orta Ruíz, el siempre recordado Indio Naborí, supo delinear con palabras lo que representa la jornada cucalambeana en materia de cultura legítima basada en las tradiciones campesinas cubanas. En una entrevista periodística publicada en el año 2000, expresó:

“La Jornada Cucalambeana, iniciada a mediados de la década del sesenta, rodeada de cañas bravas, jinetes a caballo y poetas, elevó su voz para traer hasta los predios de Las Tunas el cantar guajiro y así significar la perdurabilidad de la décima y las tradiciones que trasmitidas de generación en generación en nuestros campos, alcanzan un valor especial en la identidad cultural cubana”.

Los tuneros, estimado Naborí, suscribimos también esa opinión.

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